Con estas líneas quiero explicar lo que me motiva para estar aquí. Sé que muchos se sorprenderán de verme envuelta en la difícil, aunque maravillosa, tarea de escribir un libro, pero lejos de que se entienda como una osadía, quiero compartir mis intenciones.
Durante veinticinco años, junto al equipo de Doble Erre, la agencia de servicios de moda que tengo la suerte de dirigir, hemos invertido mucho tiempo e ilusión en crear, defender y posicionar el sector de la moda flamenca. Fundamos la primera asociación, unificamos intereses, servimos como interlocutores con las administraciones y fuimos los creadores de la primera y genuina feria internacional del sector: SIMOF, Salón Internacional de la Moda Flamenca, una plataforma imprescindible para todos los profesionales y adeptos de esta actividad. Además, desde hace diez años, editamos la publicación de moda flamenca pionera en el mercado de este género: Moda Flamenca Surrealista.
Es esta trayectoria la que nos avala y nos convierte en expertos de esta increíble industria. Además, contamos con un amplio archivo de valiosas imágenes captadas a lo largo de los veinticinco años de SIMOF y de infinidad de editoriales realizados, en exclusiva, para nuestra revista. En este libro queremos compartir esas fotografías de ayer y de hoy, porque son un reflejo del arte, la cultura, las tradiciones y el lenguaje andaluz convertido en Moda, en Moda Flamenca.
No se pierdan este singular desfile.

Una ilusión desde pequeñita.
Siempre agradeceré a mi madre y a mi abuela que me transmitieran su pasión por la moda flamenca. Todavía conservo una foto del primer día que me vistieron con uno de estos trajes. Lo que más me llama la atención es la edad que tenía, tan solo nueve meses. Era tan pequeña que ni siquiera tengo recuerdos propios de aquel día. Se los he pedido prestados a mi madre para poder relatarlos.
Era una Feria de Abril calurosa, pero ni las altas temperaturas hicieron que mi abuela Lolín desistiera en el empeño de llevar a su nieta al Real. Había preparado con esmero los detalles que debe llevar una flamenca.
El traje era blanco con «lunaritos» rojos, pero no una bata de bebé, sino un traje de flamenca en toda regla, cargado de volantes. Como complementos, la flor, sujeta a mis tres pelos con una pequeña horquilla (sinceramente, no sé si este es el origen de mi fobia a las horquillas, y los pendientes típicos de flamenca, esos que se convierten en un auténtico martirio para las orejas. Y desde mi cuello hasta los pies, me colocó un collar, siete u ocho pulseras y un mantoncillo rojo con «lunaritos» ajustado con el clásico imperdible. Hasta me hicieron un caracolillo en la frente, al más puro estilo Estrellita Castro, y el rabillo en los ojos, que en ese momento era absoluta tendencia. Los zapatos dan para otro capítulo, pero, como anécdota, diré que aún los conservo y, cuando me paro a mirarlos, imagino el amor y la ilusión con los que mi abuela y mi madre los mandarían hacer. Ellas me inculcaron el amor y la admiración que siento por el traje de gitana. No solo me enseñaron el ritual para vestirme de flamenca, sino también una de las claves para lucirlo: caminar con elegancia y gracia. Sin saberlo, son las protagonistas en la sombra de una parte fundamental de mi carrera profesional.

La pasión por la moda flamenca me lleva a escribir este libro, que no pretende ser un «diario de culto», sino una mirada a los orígenes, la evolución y la revolución de este género, que concluye con un manual de estilo para vestirse de flamenca. En definitiva, un homenaje a mi tierra, mis tradiciones y todas las flamencas.
¡Gracias, abuela, gracias, mamá!


















Con respecto al desfile, destacaría el valor de compartir la moda entre generaciones que se trasladó hasta los asistentes al evento y a la pasarela, donde todas las modelos desfilaron por primera vez junto a una mujer con la que tienen una conexión especial: su madre, su hermana o su amiga. Incluso las propias diseñadoras Begoña y Natalia se sumaron a desfilar. Además, los asistentes venían acompañados de una o varias mujeres especiales en su vida. Es una marca hecha por mujeres reales y para mujeres reales.




Gaultier ha rendido homenaje al cine y la moda españoles con guiños a figuras de referencia para él como Almodóvar, Rossy de Palma, Sara Montiel, Balenciaga, Paco Rabanne e incluso Don Quijote.

La firma del diseñador sevillano Fernando Claro organizó en las salas del Museo de Artes y Costumbres zonas de shooting, look-book, mesas de trabajo y área de make up y peluquería. Un espacio de trabajo que contó con la presencia de todo el equipo de producción habitual en una sesión-reportaje de este estilo, incluido a los conocidos fotógrafos


María Pérez Barber, Fatima Rodríguez de la Borbolla, Arita Alfaro, Helena Cueva, Araceli Vera y Beatriz Ruiz
Rosa Iglesias y Andrés Cámara Cañaveral
Rocío Pérez de Guzmán
Ana Nievas y Luis Miguel Otero
Araceli Vera, Ángela Martín Y Arita Alfaro
Marta Sánchez Alfaro
María Segarra
Clara Acosta
Victor del Valle, Carmen Cachero y las chicas de Two June
Luis Miguel Otero, Pipa Porras, Margarita de Guzmán, Rocío Ponce y Helena Cuevas
Jesús Aldebarán
Olivia Reixach, Ana Nievas, Irene Meritxell y Macarena Medina
Mar Valdés, María Sánchez Alfaro
Pipa Porras y Andrés Cámara Cañaveral
Carlos Soto, Margarita de Guzmán y Pipa Porras
Elena Román, Diana Núñez, Patricia de Weeding With Love y Andrea e Inmaculada Perea de Petrita
Ana Ramos y Eva del Equipo de Víctor del Valle
Aurora Artacho y Rocío Millán
Beatriz Claro y Fernando Claro Jr.
El diseñador Fernando Claro con su esposa Charo Guerrero y unas amigas